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A propósito de ‘Vida salvaje’, de Juan Ramón Santos

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Después de meses de lecturas semiobligadas, empiezo a despejar las columnas de libros que, como un bosque de estalagmitas, ha ido creciendo por mi casa. Así llego a ‘Vida salvaje’. Este libro de poemas, con rostro amable y ropas perfectamente medidas en endecasílabos y heptasílabos, preferentemente, va dejando ver con suavidad un lado oculto y, por momentos, inquietante. Se mantienen algunas de las señas de identidad de su autor: la atención cuidada a la forma, la retórica sutil y clara, la constate ironía que produce un efecto casi kafkiano en el lector con el contraste entre el tono sencillo y ligero, y el contenido profundo y, a veces, desolador. De esta manera, se establece un choque entre lo que se cuenta y su tono. Desde el primer bloque del libro, ‘Día de campo’, nos adentramos en el mundo apacible de la infancia (“al aire infinito de la infancia”, dice en un verso) en la naturaleza, retratada esta como en los viejos tópicos del Locus amoenus y del Beatus ille cantándose con nos...

"Un silencio de nieve". Juan Ramón Santos habla sobre 'Los nombres de la nieve'

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Un silencio de nieve (Juan Ramón Santos) Me encontré por primera vez con la muerte cuando falleció mi primo Ismael. Yo tendría alrededor de tres años, pero todavía recuerdo el dolor que inundó de golpe mi casa cuando recibimos la horrible noticia por teléfono esa tarde. Por entonces, además, aún palpitaba la muerte, diez años atrás, con tan solo diez años, de mi tía Choni, congelada desde entonces para siempre en una foto en blanco y negro del día de su primera comunión. Si hablo de esas dos experiencias tan dolorosas es porque creo que, aunque esta no llegase a vivirla y aquella fuese demasiado temprana como para pudiese comprender bien lo que sucedía, las dos me marcaron, grabando a martillazos en mi conciencia la certeza de que los niños pueden morir, una certeza que no he dejado nunca de tener presente, que ha marcado, supongo, mi forma de relacionarme con los niños –con mi hija, con mis sobrinos, con los hijos de mis amigos– y que está agazapada, sin duda, por detrás de un libro t...